12.1.10

Polaris 888



Salí de la oficina como todos los días, harta del trabajo, cansada de escuchar quejas, malhumorada, triste sin saber porque.

Caminé por la avenida y di vuelta a la derecha una cuadra antes para no pasar por el crucero, vi las casas con fachadas ostentosas, tan ostentosas que caían en lo vulgar, luego di vuelta a la izquierda y seguí por "Arandas" tratando de no pensar en nada, pase por el lavado de autos donde siempre me chiflan y me gritan cosas, debería sentirme halagada pero no es así.

Luego pase por la esquina en donde hace unos meses llegó una camioneta a vender macetas y nunca se fue, a esta hora, todos los días, un niño de unos 5 años ayuda a sus padres a levantar la mercancía. Tal vez viven en la camioneta o tal vez se van todos los días a su casa, no lo sé, pero ese niñito me cae muy bien.

Crucé las vías del tren esperando que no me atropellaran, ni el tren ni los autos yaq ue no hay semaforos, ni señalamientos, luego caminé por debajo del puente que esta frente a la Coca y llegué frente al pequeño bar que ya habían cerrado porque nunca había clientes.

Vuelta a la derecha rumbo a la iglesia.

Pasó detrás de la Comercial Mexicana y frente al "botanero" que ya tampoco tiene clientes, pero siempre tiene un grupo de banda en vivo.

Sigo derecho y justo afuera de la iglesia los autos estacionados y las señoras apuradas porque la misa de 6 ya ha comenzado, pocos señores entran, prefieren esperar afuera a sus esposas y se quedan en el auto o se reúnen a platicar con otros señores de cosas importantes como el incendio de la fábrica de parafina o el mal servicio de televisión por cable.

Yo sigo mi camino y doblo a la derecha, a un costado de la iglesia veo al vagabundo al que siempre quiero llevarle una cobija, pero solo lo recuerdo cuando paso a su lado, pienso que esta ves sí voy a recordarlo, ¿porque habrá terminado ahí ese señor?

Doblo de nuevo a la derecha.

Paso por la cocina económica "Delicatesen" que todos dicen que tiene los mejores guisos, pero como a un lado esta la funeraria, me abstengo de probar, no vaya a ser que la carne sea de humano, me gusta pensar en historias macabras cuando paso por ahí.

Sigo derecho por la calle Estrella pensando que combina excelente con mi apellido y hubiera sido genial vivir ahí, aunque no cerca de la funeraria, cruzo la calle de Sol y me maravillo con la imagen de la verdulería, las frutas y verduras frescas expuestas siempre se me antojan, casi siempre me detengo a comprar una manzana, un par de papas, una lechuga, un durazno o cualquier cosa colorida que llame mi atención.

Esta vez he comprado una sandía radiante, sigo mi camino y saludo al anciano que todas las tardes sale a tomar el fresco, no tiene una pierna pero siempre esta boleando su zapato, me imagino que cada pasada del trapo es un doloroso recuerdo de cuando aún tenía dos piernas, pero ahora llaman mi atención las dos señoras que siempre están sentadas en el escalón de una puerta, creo que son vecinas, no se cual sea la de la dueña de la casa pero fuman cigarros mentolados y siempre hablan de un tal Raúl que no quiere cooperar con los gastos, beben en vasos de plástico algo que a veces creo que es tequila y otras creo que es limonada, depende lo acalorado de la platica.

Cuatro casas más adelante, justo en la esquina hay una bandita de niños de unos 8 o 10 años, cuando no están jugando con sus “tazos”, están tirando penaltis o le están gritando a la niña de enfrente: “¡Rosita, la porra te saluda!”.

Rosita es muy bonita y por alguna extraña razón siempre esta haciendo la tarea en la banqueta de enfrente de su casa y esta muy al pendiente de los niños.

En la otra esquina, hay una casa con una jardinera sin plantas y ahí una bolita de niñas, que por cierto, odian a Rosita, siempre están escuchando música en sus celulares y aunque reconozco todas sus palabras, pareciera que hablan en un idioma distinto al mío, supongo que hablan de niños y me sonrío a mi misma pensando en sus calenturas adolescentes, en lo pronto que se acaba la infancia y lo horrible que es la adolescencia.

Luego paso por la tienda “Esperanza” en donde nunca hay gente, creo que es porque esta oscura, los productos se ven viejos y sucios, a veces compro solo porque siento que nadie más lo hace, detrás de un mostrador casi vacío la señora es siempre muy amable, pero veo que la penumbra que hay en su tienda es solo un reflejo de lo de sus ojos, imagino que esta muy sola, debe ser viuda, quiero hacerle platica pero me incomoda.

A unas cuantas casas y enfrente de la escuela, esta la papelería “Coquifi” ¿quién sera la Coquifi? La atiende un anciano de manos muy grandes, un tipo recio y de carácter duro, su mujer esta siempre detrás, pendiente de que no haya inconvenientes, sabe que su marido solo trata de demostrarse a sí mismo que aún es útil y ella paciente lo cuida detrás de una puerta muy vieja. Yo creo que la Coquifi es su hija, no sé, me da pena preguntar.

Afuera de la primaria hay un árbol de raíces muy amplias que ya tumbaron la banqueta y que siempre están invadidas de niños y basura.

Los niños juegan futbol, echan carreritas o juegan con sus coches. Las mamás se sientan en troncos secos a vigilar a los hijos, se turnan entre ellas.

Las que nunca fallan son un trío de niñas despeinadas, una como de 4, otra como de 6 y otra como de 8 que parecen hermanitas, sacan unas cobijas de color morado, almohadas azules y encima de las raíces ponen a una perra chihuahua que siempre esta angustiada, y es entendible porque si no esta vestida de princesa, trae un mameluco o en el peor de los casos unos moños rojos horrendos que son casi de su tamaño.

A veces juegan con un triciclo o con un carrito de Barbie ya muy viejo y ahí amarran a la perra y la hacen correr como loca, pero son cuidadosas y no molestan al señor que vende pan casero y se estaciona con su bicicleta con sombrilla a un ladito del chevy rojo que siempre esta reluciente porque un chico con capacidades diferentes lo lava todos los días a las siete en punto.

También frente a la primaria esta “Vivaldi”, sí, es una escuela de música y hay un coro de señoras cantantes que da pena, pero que no pierde la esperanza y cada vez que terminan de cantar aplauden como desquiciadas. Cuando escucho los alaridos sé que ya estoy cerca de casa.

Ahora paso por el puestito de dulces que es atendido por dos viejitas en mecedora que siempre están más atentas al chisme que a los clientes y por eso, las banditas de adolescentes les roban bolsitas de chicharrones mientras las distraen contándoles algo.

Doblo a la izquierda en Geminis, ya se puede ver el parque y su árbol enorme de flores anaranjadas que inundan el piso, pero antes hay que pasar por la casa de los veracruzanos, siempre hay niños afuera, no estoy segura de cuanta gente vive ahí pero son más de 10, tan solo he contado 6 niños, el papá siempre sin camisa comprándoles elotes, pan, frutas, cacahuates o lo que sea que se le atraviese. Los niños peleando, llorando o jugando, y las señoras siempre están tomando una rica cervecita y se ríen con tantas ganas que yo también quiero reírme, pero por más que les sonrío nunca me devuelven la sonrisa.

A un lado la papelería del señor gruñón, nunca compro ahí porque cuando entras, hay una campanita que suena, pero no se detiene jamás y me estresa, además el señor da muy caro, prefiero comprar en la “Coquifi”.

Enfrente esta la salchichonería, lo señores todos muy amables siempre me saludan aunque nunca haya comprado ahí.

El carrito de antojitos "Moncho" esta siempre vacío, pero si tocas a la puerta, que siempre esta abierta, te venden congeladas, chocomilk, gelatinas o "bolis".

Doy la última vuelta a la derecha, se asoma por el cristal de la ventana el san Judas de mi vecina que vestido de verde y rojo, alumbrado con veladoras y adornado de flores siempre frescas me da la bienvenida, trato de no mirarlo porque me asusta y ya veo mis rosales, creciendo salvajes y espinosos, el árbol que pocas veces podamos, las rosas rojas de castilla que parecen un destello de luz entre la extraña naturaleza que crece en mi muy pequeño jardín.



Esta no es mi casa, pero se ha convertido en mi hogar, Chuviz me huele y aunque no ladra porque es orgulloso, olfatea con mucha ansia y sabe que ya estoy en casa, casi puedo ver su pequeño rabo negro moviéndose de un lado a otro.

Me detengo a oler los rosales, miro a la pequeña “ranch”, una macetita de flores anaranjadas que trajimos desde Patzcuaro, olvide ponerle agua y esta muy seca, saludo a “mollejas”, cada día más grande y con su única flor ya verde porque esta muriendo, me doy media vuelta y veo el parque que es muy hermoso, las aves estan llegando a los árboles y su canto inunda el ambiente, el tren esta pasando justo ahora, el piso tiembla ligeramente y el crujir de las vías me estremece, busco la llave en mi bolso que siempre esta revuelto, las encuentro, abro la reja, luego el mosquitero y por fin abro la puerta, mi casa huele a suavizante de telas.

Enciendo la luz.

Chuviz no ladra pero lo escucho rascar la puerta, ya quiere que le abra, unas lagrima inmensas llenan mis ojos, unas lagrimas que me dicen que estoy llena de vida, que soy sensible y que, a pesar de todo, disfruto mucho esta cálida vida en provincia.

Lloro más porque pienso que si en este hermoso hogar hubiera alguien además de Chuviz esperándome, todo sería perfecto, pero esta soledad no la puede curar solo una mascota.

Quiero compartir toda esta vida con alguien y ese alguien esta my lejos…

Me siento tan sola en mi linda casa, que quisiera volver a salir y compartir la vida con todas las personas que están afuera, poder decirle a alguien lo contenta que me siento al llegar a casa, al caminar por estas calles, que sí puedo, que he logrado construir un hogar.

Pero tú, lo verdaderamente importante en mi vida no estas conmigo.

3 comentarios:

  1. Que bonito escribes, y estas en verdad muy triste. No te deprimas, que sincera eres. Me has dejado lleno de pensamientos.

    Que tengas bonito dia :D

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  2. Qué bien has descrito lo que yo siento... Gracias por compartir.


    Blu.

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  3. BrendaIMMUTABLEmarzo 25, 2011

    Felicha!!! He leído de principio a fin tu relato y me ha encantado (literalmente); de verdad escribes muy bien.

    Y qué crees? Ya tienes lo que en ese momento querías; es más, ya lo tienes todo para ser completamente feliz: tienes amor, eres mamá... TIENES UN HOGAR!!!

    Échele mi licha, no todos tienen lo que tiene vos... y lo que mereces sin duda.

    Te quiero

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